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Mostrando entradas de marzo, 2011

go crazy

Si los ángeles existieran y tuvieran que ver hasta dónde hemos llegado... tal vez se volverían locos

Award II

¡Esta chica es increíble!  ♥  Gracias por otro premio, nunca me los espero y siempre pienso que no me los merezco... ¡pero viniendo de ella es un honor! ¡Un besazo  Writings loves !

Games

De oca a oca y tiro porque me toca. Parece que en la vida andamos a trompicones, hasta que de repente caemos en el pozo y desde allí abajo vemos cómo te adelanta la ficha verde. Y la amarilla. Y la roja también. ¿Pero esto qué es? ¿He perdido un turno o la partida? Porque en la vida real, las reglas no son tan sencillas. Porque caer en la casilla equivocada puede suponer más que quedarte en la cárcel sujetando el cubilete y poniendo morritos. Parezco un saco de confeti si hablamos de emociones. Los tengo de mil colores, caramelos también de mil sabores, pero que cuando caen hacen algo más de daño por muy dulces que sean. Cógeme la mano, sólo te pido eso. Y guía una vez más mis pasos hacia la orilla del río, para escuchar correr el agua mientras son los momentos los que dejaremos colgar. Colgar del aire, colgar de un hilo, porque estará todo suspendido de un simple arranque de valor: jamás logré olvidarte.

80

Ayer soñé que recobraba la conciencia. Recobraba un sueño, recobraba un por qué. Ayer estuve despierta escribiendo un relato, trasnochando mientras intentaba inventar mi recuerdo, darle el sentido que no tuvo. Y hoy me he despertado con la garganta ardiendo y la almohada empapada de llorar de nuevo. Hoy he visto mil momentos de la película que busca un futuro, y me han hecho ver otro que podría ser mi película. Y para qué mentir, he buscado para no encontrar, he deseado para perder... y tengo la intención de volver a coger la guitarra, hacer sonar los acordes de una canción que haré tuya, con la esperanza de que la oigas a ochenta kilómetros o a dos, estés donde estés, y te des cuenta que hay algo en ti que me hizo enfermar. De esas enfermedades que no se curan, que no se pasan, y que no se alivian. Que te dejan como estás, pero te matan por dentro. Que te averguenzas de contar, pero que intentas mostrar a gritos. Tal vez alguien tenga la cura. Y sé que tú me la podrías dar. Una re...

It smells

Me estallará la cabeza un día de estos. Un buen día, diría yo, porque más de una vez habremos soñado tanto con la amnesia que hemos olvidado que existía. Y llega el momento en que las velas se apagan y una estrella te recuerda que fue tu deseo una vez. Ese deseo al que le ha dado mil vueltas y ahora no sabes por dónde cogerlo, porque no es ni lo que pediste ni lo que no dijiste. A saber lo que es. Porque te tengo conmigo, pero no esperaba que fuera tan solo en el recuerdo. Porque estás para hacerme reír, aunque nunca imaginé que sería en un libro. Supongo que de tanto llorar, la luna quiso ayudar. Pero de poco me ha servido saber que aunque mire tus fotos una y otra vez, tú las mías seguro que las rompiste o incluso, tal vez, no las llegaste a ver. En vez de revelar un carrete, pongo la mano en el fuego que se llevó tus palabras en tinta de mentiras a que lo echaste a perder abriendo la cámara y quemando los negativos. Púdrete en un recuerdo. Aunque pensándolo bien, es lo que estás h...

Lost

Buscó con ojos llorosos el rastro del coche pero no había dejado huella. El polvo le tapaba la vista, y entre su pelaje húmedo y las patas llenas de barro se sentía hecho una mierda. Se lamió las heridas del costado, y haciendo un esfuerzo inhumano salió de aquel cuchitril en el que solía dormir. Lo peor que le habían contado los perros callejeros era la posibilidad de acabar en una perrera. Aquel matadero del que jamás volvías a salir. Pero a esas alturas, prefería plantarse en sus puertas antes que seguir recibiendo visitas de aquel humano viejo y borracho. Dos días más tarde murió atropellado, aquel pastor alemán que tanta fuerza tuvo, que tan feliz se vio, quedaba frío y tendido en la calle, en los huesos, por la mala fortuna de que un verano decidieran no llevarlo consigo de vacaciones.

Waiting

Rikky frunció el ceño y miró al cielo. Dos cuervos volaban dando vueltas sobre ella, pero no les hizo caso. La gravilla del camino se le clavaba en los pies a traves de la suela de sus converses, que se suponía que eran blancas. Se metió la mano en los bolsillos y notó aquel papel rugoso, hecho una bola en el fondo de su pantalón. Al desplegarlo, recordó aquellos garabatos pintados sobre blanco, y haciéndolos añicos los tiró al aire como si de confeti se tratara. Los cuervos giraron la cabeza esperanzados, pero siguieron revoloteando a sus anchas al ver los trozos de papel en el suelo. El sol pegaba fuerte y hacía calor. Matt se quitó el sudor de la frente y volvió a coger el móvil. Nada. Como las últimas diez veces en los últimos dos minutos de las últimas dos horas. ¿Dónde se había metido esa chica? No terminaba de comprender bien por qué seguía intentándolo, teniendo en cuenta aquella manera tan extraña de conocerse. Tiró la bicicleta a un lado del camino y se echó a andar...

I'm so sorry!

¡Lo siento! He estado perdida tanto tiempo que ya he roto el hilo de todo lo que iba actualizando. Me puse bastante enferma durante unas dos semanas, y después cuando me recuperé, coincidió mis semanas de exámenes...  Y hoy he leído el comentario de una chica estupenda... que se echaban de menos mis actualizaciones. Y he caído de repente. ¡Llevaba sin actualizar semanas! Así que... no os libráis, ¡volvemos a la carga! Retomando el último relato. Hunter II. Dejó el sombrero en el perchero y se dejó caer en el sillón frente al fuego. Cerró los ojos y respiró hondo, intentando dormitar un poco. ¿Qué tal la cacería de esta noche? ¡Por dios Richard! ¿No sabe llamar a la puerta antes de entrar? Oh... cierto... perdón. Foxs gruñó y se revolvió los mechones de pelo, relajándose de nuevo. Pero oye... que qué tal la cacería. Sí, lo siento. Fácil. Muy fácil. El pobre diablo iba más borracho que una cuba y nisiquiera pudo sentir que andaba detrás suyo. ¿Ese idiota era extranjero? Parecía...

Hunter

Le habían aconsejado ir con cuidado, pero era algo que no solía tener en cuenta. No era muy lógico encomendarle a alguien los trabajos más peligrosos y pedirle que se andara con cuidado. La gente solía decir ese tipo de cosas, razón de más para pensar que todo el mundo hablaba más de la cuenta. A las doce en una de las bocacalles de St Margaret Street lo único que se respriaba era un hediondo olor a alcohol y sudor, mezclado con los restos de las vísceras de los puestos de carne. Foxs hundió la nariz en el pañuelo negro que llevaba cubriéndole el rostro, y bajó la cabeza para ocultarse de las fulanas que pasaron a su lado, entretenidas cada una en hacer que los dos borrachos no las perdiesen de vista, las mano metidas en las carteras. El hunter esperaba con paciencia, una espera que dio sus frutos. Un hombre ataviado con capa negra de cuello alto salió de la taberna que estaba observando. Y echó a andar tras sus pasos. Su abrigo de cola larga se movía ondeando con sigilo tras unas pi...