Me paso el día colgada de las nubes, agarrada a la luz que deja caer el sol sobre mi almohada. Intento subir alto, tanto que me entra vértigo y pierdo la noción del tiempo, que la realidad se queda tan abajo que ni las leyes de la física tienen ya sentido. Y me preocupo por subir y seguir subiendo, por alcanzar un sueño, haciendo que lluevan mil lágrimas que bañan campos, llenan lagos y refrescan tu mirada... Soy la tormenta que nadie puede aplacar, sumida en su propia burbuja, cada vez más pequeña, que llegará a estallar, me hará caer una vez más. Porque me preocupo por mis ilusiones, me preocupo por lo que tal vez nunca habrá. Hago oídos sordos a las palabras que me acunan, tan lejanas que parece que sólo se dejan escuchar en los sueños más profundos. Y es que yo he perdido el rumbo, me he alejado tanto que ya no soy de este mundo. Deliro entre fiebres altas y helarme de frío, que no escucho ni tu silencio pidiendo a gritos una pizca de ayuda. Qué he hecho conmigo, dónde perdí yo...