Cojo otra vez la esperanza por los cuernos y me largo un par de semanas allí donde nadie puede decirme nada, donde está mi sitio, donde encuentro mi lugar. Se supone que es allí donde el plumón se hace ala, donde me miran unos ojos que no esconden nada, donde puedo ser yo y verán de qué les hablo. Pero quizá no sepa dónde me meta, quizá aquí también han llegado las gafas de colores. Tal vez se extienda el veneno, quizá aquí estén empezando también a enfermar. Serán unos pocos, pero duele igual. Yo no sé qué pensar de mí y mi condición, de dónde empieza el poder y dónde está la línea de meta. Son palabras que no entendí, pero de qué influencia, inteligencia, ese algo extraño tan difícil de controlar me hablaste. Por lo menos sé que son palabras del que sabe escuchar y no tiene miedo a ver, pero dime claro qué es, porque tengo miedo. Miedo a eso en que me puedo convertir, en si he puesto rumbo al infierno o simplemente sigo aguantando el timón para no vencer a corrientes tan fuertes. ...