Aunque a veces de miedo, la cura puede ser lo menos doloroso de cualquier mal trago: que el tiempo se alargue mientras espero un viaje, que una sonrisa se escape al buscar a escondidas la suya entre sus fotos, cerrar los ojos y dejarse llevar por una voz que te tiene noqueada... No tiene mucho sentido, la verdad. Supongo que es difícil encontrarlo. Me pregunto mil veces cómo se puede acabar así: de dónde sale el cazador que decide cuidar de la presa, de dónde me saco yo esa cara de idiota, cómo es capaz la vida de regalar esos instantes en que por fin soy feliz. La paciencia nunca ha sido mi fuerte, y el día a día tiene algo de amargo que no logro llevar bien, pero son esas razones que mueven un aguante que no creía tener... al fin y al cabo, patético o no, una vez encontrado su tesoro, el dragón jamás lo dejará ir... Y aunque tú tengas un efecto soporífero en mi mal genio, en mi velocidad de reacción y de palabra, no podrás negar que, siendo tú el oxígeno de cada respira...