Ella tenía los ojos brillantes y la sonrisa más grande que nadie había visto pero eligió un día mal, se agarró a un clavo ardiendo, le seguían zarandeando una y otra vez por mucho que quisiera avanzar. Hubo un día en el que alguien se coló en la cámara de sus esperanzas, y fue sacándolas pieza por pieza: la del te quiero, la de una sonrisa, la de las palabras sinceras, la de las segundas oportunidades, la de luchar por lo que quieres, la de aquel abrazo, la de las noches compartidas, la de volverse a ver, la de una cara, también se llevaron la de la mirada atrás en el último segundo... Y sin ellas, tampoco tenía fuerzas. Cuando se quiso dar cuenta abrió los ojos de par en par y se llevó las manos al corazón, sorprendida: algo no iba bien. Corrió como nunca, se le enganchó el cordón de la zapatilla en una rama y se quedó atrás, ella cayó, se le rasgó la camisa. Se levantó y notó el hilillo de sangre bañando sus labios. Corrió, voló, y vio las puertas de su corazón abiertas de p...