Nos gusta contar historias, forma parte de nuestras vidas aunque no nos demos cuenta. Todos somos escritores del día a día con el que mañana dibujaremos palabras para explicarlo. ¿Cómo ser eterno si no es narrando? Cada uno encontramos alivio en nuestras propias palabras, adaptamos lo que vivimos para asimilarlo, acogemos el exterior y lo interiorizamos, por lo que siempre damos un por qué del que nunca estaremos seguros. Nuestra gran necesidad está en creer en lo que no podemos comprobar, porque fuera de las fronteras del nosotros mismos nada es verdad, y todo está permitido. Establecemos y sabemos qué es real, no podemos negar que el agua que bebemos exista, pero os aseguro que no habrá nada menos vívido para uno que aquello que experimente. Los sentimientos pueden llegar a ser más reales que el árbol que nunca has llegado a tocar, porque ellos han entrado en ti y tú los has hecho tuyos, al igual que el agua que bebes, al igual que las personas que te rodean, que sólo pueden hacer...