Sigo sin comprender a qué fin todo es tan complicado. Existen un millón de marcas, mil millones de prejuicios... no entiendo todo eso, no sé por qué no ver las cosas tan simplemente como son. El café es café, y el cielo siempre será azul.
Hoy se me ha parado el tiempo. A mí exactamente no, a mi mejor amigo. Es impresionante lo que un mensaje te puede hacer, cómo te puede dejar. Pero es aún más increíble las mil maneras de ver un mismo hecho. Para él, ese mensaje ha supuesto llevarse un buen susto, y quizá estar destrozado una buena temporada. Aún no lo sé, no me ha llamado para contarme cómo ha terminado la cosa. Pero para mí, mientras le escuchaba hablar cambiando de marchas, no paraba de repetirse una misma pregunta en mi cabeza. ¿Por qué él sí? Le oía hablar de los mil mares que cruzaría y las mil cosas a las que renunciaría por volver a ver su cara. Esa cara de niña que para él es ya mujer. ¿Qué tiene de malo mi sueño? Yo no lo entiendo. No lo entiendo porque sólo sé que llegó un día en el que descubrí que había algo más detrás de mil momentos que viví. Y no quiero decir estar enamorada, babear de su presencia o embelesarme con su sonrisa. Es algo mucho más distinto. Es querer y sentir cómo se te hincha el pecho, saber que estaré a salvo con sentirlo cerca, esperar mil horas por verle sonreír... y lo más importante, no olvidar a pesar del tiempo. Que eso es lo que menos entiendo. No está, no sé si es el mismo, escondo lo que siento y me pregunto por qué me pasa. Pero ahí sigue, aquel mismo mundo a parte al pensar en poder abrazarle.
Creo que me decidí a preguntarle de una vez si leía mis mensajes, si seguía existiendo o sólo fue una mala pasada de mi imaginación. Quería decirle que me diera una respuesta, que me mandara a la mierda incluso, pero que prefería eso a seguir creyendo que simplemente, me ignora. Porque quedó todo en el aire, porque me quedé con el sabor de su miedo en la boca, porque sigo sin saber la mitad de las cosas.
Pero ahora me he vuelto cobarde: parece que el destino no quiera que pueda hablarle, porque quemé sus cartas, borré su número y perdí su dirección. E incluso la única manera que tenía de hablar con él hoy no ha querido funcionar: un fallo de red, un mensaje enviado que se había quedado en blanco después de escribir, y la última, simplemente, un enlace que pinchabas y no te llevaba a ningún lado.
La vida se ríe de mí. Hace metáforas cínicas de mi situación. Un enlace que no me lleva a ninguna parte, tal vez sea una manera de decirme que pierdo el tiempo.
Pero por qué. ¡Dime por qué! Que yo sólo busco respuestas. Que yo encontré en ti alguien a quien preguntar, alguien con quien soñar a parte, alguien con quien andar caminos que no andaría nadie. No es nada corriente ni usual, es esa parte extraña de la vida que siempre tardas en encontrar.
Dime por qué... que siempre vuelve a mi cabeza, me recuerda que hay algo por resolver. Que para mí, todo quedó pendiente.
Hoy se me ha parado el tiempo. A mí exactamente no, a mi mejor amigo. Es impresionante lo que un mensaje te puede hacer, cómo te puede dejar. Pero es aún más increíble las mil maneras de ver un mismo hecho. Para él, ese mensaje ha supuesto llevarse un buen susto, y quizá estar destrozado una buena temporada. Aún no lo sé, no me ha llamado para contarme cómo ha terminado la cosa. Pero para mí, mientras le escuchaba hablar cambiando de marchas, no paraba de repetirse una misma pregunta en mi cabeza. ¿Por qué él sí? Le oía hablar de los mil mares que cruzaría y las mil cosas a las que renunciaría por volver a ver su cara. Esa cara de niña que para él es ya mujer. ¿Qué tiene de malo mi sueño? Yo no lo entiendo. No lo entiendo porque sólo sé que llegó un día en el que descubrí que había algo más detrás de mil momentos que viví. Y no quiero decir estar enamorada, babear de su presencia o embelesarme con su sonrisa. Es algo mucho más distinto. Es querer y sentir cómo se te hincha el pecho, saber que estaré a salvo con sentirlo cerca, esperar mil horas por verle sonreír... y lo más importante, no olvidar a pesar del tiempo. Que eso es lo que menos entiendo. No está, no sé si es el mismo, escondo lo que siento y me pregunto por qué me pasa. Pero ahí sigue, aquel mismo mundo a parte al pensar en poder abrazarle.
Creo que me decidí a preguntarle de una vez si leía mis mensajes, si seguía existiendo o sólo fue una mala pasada de mi imaginación. Quería decirle que me diera una respuesta, que me mandara a la mierda incluso, pero que prefería eso a seguir creyendo que simplemente, me ignora. Porque quedó todo en el aire, porque me quedé con el sabor de su miedo en la boca, porque sigo sin saber la mitad de las cosas.Pero ahora me he vuelto cobarde: parece que el destino no quiera que pueda hablarle, porque quemé sus cartas, borré su número y perdí su dirección. E incluso la única manera que tenía de hablar con él hoy no ha querido funcionar: un fallo de red, un mensaje enviado que se había quedado en blanco después de escribir, y la última, simplemente, un enlace que pinchabas y no te llevaba a ningún lado.
La vida se ríe de mí. Hace metáforas cínicas de mi situación. Un enlace que no me lleva a ninguna parte, tal vez sea una manera de decirme que pierdo el tiempo.
Pero por qué. ¡Dime por qué! Que yo sólo busco respuestas. Que yo encontré en ti alguien a quien preguntar, alguien con quien soñar a parte, alguien con quien andar caminos que no andaría nadie. No es nada corriente ni usual, es esa parte extraña de la vida que siempre tardas en encontrar.
Dime por qué... que siempre vuelve a mi cabeza, me recuerda que hay algo por resolver. Que para mí, todo quedó pendiente.
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