Me voy quedando sin palabras cuanto más quiero buscarlas. Supongo que me ha cerrado la boca a puñetazos lo que yo llamo "cosas de la vida" o "gages del oficio", si contamos vivir como trabajo.
Ayer pude escribir tanto sobre ti... Y ahora no sé ni qué pensar. Estoy bien, estoy mal... El fondo del vaso ya no sabe qué decirme, la luna se ha escondido y el humo de olor dulce sólo sabe sacarme de este mundo. Vaya respuestas.
Tengo el pelo cada vez más rojizo y los pasos más huidizos, mientras tú te empeñas en que me acerque con comida en la mano porque sabes que estoy hambrienta. Después sueles dar una patada en el suelo y yo me escondo detrás de la farola, pero sigues con la mano extendida. Repetir lo mismo una y otra vez ya es culpa mía, no debes de ser el único que pueda hacer que mis tripas dejen de rugir, pero me da miedo dar media vuelta y morir antes de encontrar otra alma caritativa. Ya ni te digo si fuera una que no tuviera la intención de jugar con un zorrillo atacado de pánico.
Supongo que aquí el morro chato, la cola de punta blanca, los ojos astutos y los pasos ligeros no causan ninguna impresión. Creo que aquí el brillo de la luna queda escondido detrás de tantas luces...
Mírame y deja de una vez las palabras de cuento, mírame a los ojos y dime que mi sonrisa no brillaba, que mis pasos no hacían temblar el suelo bajo tus pies, que mi risa no hacía latir tu corazón a mil por hora... Deja de una puta vez las verdades a medias y explícame qué te pasó para acabar así, cuéntame a qué cojones juegas conmigo y qué pretendes con todo esto, de qué coño va lo del perro del Hortelano y esa estupidez de ni contigo ni sin ti.
Dime que puedo olvidarme de quién eres, porque ya no estás aquí. Ya no estás para mí. Porque si no lo haces yo aprenderé mal de la lección y puede que acabe como tú... Y eso no puedo permitirlo. Por nada del mundo.
Es una extraña calma, una indiferencia rara. Es frío. Creo que hasta mis ojos se están volviendo más azules. Creo que me estoy perdiendo en un castillo de cristal y hielo.
Creo que he dejado de saber escribir porque ya no sé qué quiero transmitir... Ya no puedo sacar nada de donde han bebido hasta dejar seco. Y si todo esto es por ti, me las pagarás caro cuando me de igual todo lo que no sea yo. Supongo que te miraré con la cabeza alta, una media sonrisa y la mirada vacía una vez más antes de que te haga olvidar quién fui para convertirme en tu peor pesadilla. Lo peor será que no me dolerá hacerte daño al igual que no me reconfortará vengarme. Lo que es seguro es que a quien no le importa nada le vienen a la cabeza las mejores torturas para una imaginación sin nada que perder. Nada que ganar.
Hoy has entrado por mi puerta una vez más. Me has besado, hemos comido juntos y con música de fondo nos hemos enroscado el uno en el otro. Era ya una tradición de tres años. Pero en los besos yo abría los ojos, en la comida no hemos hablado, y con tu último abrazo yo no he podido soportarlo más. Una farsa. Seguíamos colgados de algo que no iba a ninguna parte. Y he dicho basta. Como franqueza del que ya no tiene nada más que perder me confiesas que lo suponías, que si te negabas a tenerlo todo conmigo era porque sabías también que lo hacía para salvar algo que yo echaría a perder. Lo quería todo contigo, pero para qué cuando ya no hay nada que compartir. Hoy has salido por mi puerta una vez más. No me has besado, en silencio me has dicho que no comeremos jamás juntos, y sin música de fondo que me hiciera llorar más te has alejado de mí dando un portazo. Ahora no veo, agradezco saber mecanografía y rezo por que no se me vaya el dedo y escriba las letras que no son. He vuelto a pe...
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