Cuando encerré tu recuerdo detrás de la puerta, no pensé que tu presente se empeñaría en dejarla abierta. Y es que cuando no me doy cuenta se cuela por el resquicio el sabor de tu beso de ojos cerrados y olor a momentos, y lo único que se me ocurre decir, como una boba, es amor.
No hay más definición que la parálisis momentánea al sentir tu abrazo para esa palabra.
No hay otra explicación que la ausencia para querer olvidarme de qué es amar.
Y tú te aprovechas de la esperanza de la que espera al tiempo para que le ayude a avanzar.
Hoy has entrado por mi puerta una vez más. Me has besado, hemos comido juntos y con música de fondo nos hemos enroscado el uno en el otro. Era ya una tradición de tres años. Pero en los besos yo abría los ojos, en la comida no hemos hablado, y con tu último abrazo yo no he podido soportarlo más. Una farsa. Seguíamos colgados de algo que no iba a ninguna parte. Y he dicho basta. Como franqueza del que ya no tiene nada más que perder me confiesas que lo suponías, que si te negabas a tenerlo todo conmigo era porque sabías también que lo hacía para salvar algo que yo echaría a perder. Lo quería todo contigo, pero para qué cuando ya no hay nada que compartir. Hoy has salido por mi puerta una vez más. No me has besado, en silencio me has dicho que no comeremos jamás juntos, y sin música de fondo que me hiciera llorar más te has alejado de mí dando un portazo. Ahora no veo, agradezco saber mecanografía y rezo por que no se me vaya el dedo y escriba las letras que no son. He vuelto a pe...
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