Ayer mi propio reflejo me habló desde el otro lado del espejo, y estaba sonriendo. Me dijo que en su realidad había también un ramo de rosas en la mesa, pero que no había nadie que las marchitara. También me contó que salía los fines de semana a recorrer las calles cámara en mano, sin que importara nada más, que se había olvidado de las preocupaciones. De su boca se leyeron tres palabras: él no está. Y no tenía ojeras, no parecía estar al borde de un ataque de pánico... He oído suficiente, he suplicado que hagan lo correcto para no seguir sufriendo... Pero en esta verdad yo pienso demasiado, y aceptar que jueguen conmigo es algo que tendría que saber hacer. Y dejo que lo haga, pero sin entenderlo y sabiendo que me está envenenando cada vez más, ya ha llegado el síntoma de las alucinaciones. Y la primera me ha sonreído diciéndome que él no estaba. Que no tenía que de...
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