No creo que haga falta introducción, tú tampoco te dignaste a tenerla, aunque fue culpa mía. No puedo prometerte nada, porque no tengo nada que ofrecer, tan solo sueños. Y recojo pedazo a pedazo de lo que se te escapa, sin tú saber que lo hago y sin yo saber si te importa. Qué escribir a cerca de lo que sólo se sueña: porque si soy sincera, en el mundo real donde se viven las cosas no es que me hayas dado nada para construir. Sólo ilusión, de esa que le sirve a los que pintan dibujos en la pared de su celda con la punta del cepillo de dientes. Qué tortura tan enorme darle esperanza a un preso, pero qué narcies, la encuentro donde no tendría que buscarla.
Me he pasado las últimas noches preparando el terreno para que los sueños hagan su trabajo. Inventando el principio de historias entre un tú que no existe y yo, para que al dormirme pueda ver un trocito de la película que quizá sería. Esa que quieres para huir de todo, esa que pones los días de estrés, esa que en realidad no puedes vivir ni de coña pero al menos, te quedas a verla. De hecho, si te tocara ser el prota, saldrías pitando, corriendo y gritando.
Me he inventado ese tipo de historia en la que yo no sé de nada, y se roban besos sin decir por qué. Una historia en la que tú no entiendes, y yo me niego a hacerte entender. Una en la que te mueres por descubrir mis manías, en la que te advierto de todo lo que hago mal, y a ti te parece adorable vivir en el drama en el que suelo convertir la realidad para hacerla más comprensible. Un tira y afloja, un quiero y no puedo, una persecución incansable por tu parte y una rendición forzada y buscada por la mía.
Oh, ese tipo de historia.
Una en la que no es cierto que no te has dado cuenta, que sueñas lo mismo que yo, que me convierto en un planeta más que no sabías que existía en tu sistema solar. Y me convierto yo en tu historia.
Me he pasado las últimas noches preparando el terreno para que los sueños hagan su trabajo. Inventando el principio de historias entre un tú que no existe y yo, para que al dormirme pueda ver un trocito de la película que quizá sería. Esa que quieres para huir de todo, esa que pones los días de estrés, esa que en realidad no puedes vivir ni de coña pero al menos, te quedas a verla. De hecho, si te tocara ser el prota, saldrías pitando, corriendo y gritando.
Me he inventado ese tipo de historia en la que yo no sé de nada, y se roban besos sin decir por qué. Una historia en la que tú no entiendes, y yo me niego a hacerte entender. Una en la que te mueres por descubrir mis manías, en la que te advierto de todo lo que hago mal, y a ti te parece adorable vivir en el drama en el que suelo convertir la realidad para hacerla más comprensible. Un tira y afloja, un quiero y no puedo, una persecución incansable por tu parte y una rendición forzada y buscada por la mía.
Oh, ese tipo de historia.
Una en la que no es cierto que no te has dado cuenta, que sueñas lo mismo que yo, que me convierto en un planeta más que no sabías que existía en tu sistema solar. Y me convierto yo en tu historia.
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