No lo encontraba. Ni a mí, ni a él, ni a la inspiración. Da vergüenza pensar que has perdido hasta el mínimo arte que tuviste, aún más vergüenza el haber perdido la esperanza. porque resulta que te da envidia el cómo escribías hace años porque resulta que tenías más valor del que desearías tener ahora. sigues siendo la misma, pero el doble de cobarde y la mitad de sabia.
mi vida espera en la habitación de al lado, pero la música me recuerda que el deseo sigue pendiente; tiene nombre, apellido, obsesión y ganas de besarte decenarias.
A veces me da la sensación de que soy imbécil, otras que no me esforcé lo suficiente, y otras pienso que eres mi condena eterna; no tiene otra explicación, vengo arrastrándote de la vida anterior y no me libraré de ti hasta la próxima. Y creo que ni entonces.
OJALÁ DESAPARECIERAS. Te odio. Y a la vez, maldita sea, soy quien soy por ti.
Dos realidades viviendo a la vez: el ojalá y lo que tiene que ser.
Hoy has entrado por mi puerta una vez más. Me has besado, hemos comido juntos y con música de fondo nos hemos enroscado el uno en el otro. Era ya una tradición de tres años. Pero en los besos yo abría los ojos, en la comida no hemos hablado, y con tu último abrazo yo no he podido soportarlo más. Una farsa. Seguíamos colgados de algo que no iba a ninguna parte. Y he dicho basta. Como franqueza del que ya no tiene nada más que perder me confiesas que lo suponías, que si te negabas a tenerlo todo conmigo era porque sabías también que lo hacía para salvar algo que yo echaría a perder. Lo quería todo contigo, pero para qué cuando ya no hay nada que compartir. Hoy has salido por mi puerta una vez más. No me has besado, en silencio me has dicho que no comeremos jamás juntos, y sin música de fondo que me hiciera llorar más te has alejado de mí dando un portazo. Ahora no veo, agradezco saber mecanografía y rezo por que no se me vaya el dedo y escriba las letras que no son. He vuelto a pe...
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